jueves, 4 de octubre de 2012

LA CAÍDA DE AGUA DE LOS PILARES

Escribe: Kevin Jiménez Gonzáles

Nuestra vida diaria suele ser muy monótona, despertarnos y acudimos al trabajo, colegio, instituto o universidad que en su mayoría quedan en el centro y alrededores de la ciudad. Termina nuestra labor y regresamos a nuestras casas para descansar y posteriormente salimos a reuniones o eventos, que se suscitan en lugares concurridos. En los fines de semana solemos ir a las discotecas o centro de diversión de la ciudad para despejarnos o sino acudimos a la ciudad de Piura y porque no? A veces a la playa, lugares de la región, si el presupuesto y tiempo lo permite.
Sin embargo en nuestra querida provincia de Sullana, existen muchos lugares por ser explorados, lugares que poseen una belleza intrínseca, y que por no estar cercanos geográficamente de la ciudad de Sullana, no son muy visitados. ¿Cuánto espíritu de aventurero poseemos los sullaneros? ¿Conocemos nuestra verdadera provincia? ¿Te has atrevido alguna vez a ir a La Solana, donde se dice que nació el célebre poeta Carlos Augusto Salaverry? ¿Conoces el norte del distrito de Marcavelica? ¿Has ido alguna vez a San Jacinto, capital del distrito de Ignacio Escudero?
Caída de agua de Los Pilares
Estas y muchas preguntas con lugares puedo seguir formulando, pero este escrito es para contarte a ti, querido paisano, una aventura que realicé en una parte de Sullana que nosotros mismos no conocemos, en primera instancia por su acceso. Esta excursión que realice fue a la zona de Pilares en la zona noroeste de la provincia de Sullana, perteneciente al distrito de Marcavelica y dentro del Área Natural Protegida Coto de Caza El Angolo.
Yo era aún un estudiante de administración en turismo y hotelería y me encontraba cursando las primeras semanas de mi IX Ciclo, como mi universidad me exigía llevar prácticas, y como siempre había pensado que en mi provincia había potencial para la actividad turística, quería realizarlas en un lugar que esté relacionado y donde pueda aprender, es así que me presente a la jefatura del Área Natural protegida del Coto de Caza El Angolo.
El viernes 8 de abril, se estaba realizando una actividad de capacitación en la zona conocida como Fernández, así que mi jefe el Sr. Aldo Aguirre me sugirió que podría estar allá para ver cómo se desarrollaba y pueda apoyar. Para llegar hasta esa zona tuve que viajar desde la ciudad de Sullana hasta el balneario de Máncora, ni bien llegue me estaba esperando en su moto lineal el señor Guerrero, un guarda parques del área.

La travesía comenzó aquí.
Para ir al área, primero tuvimos que trasladarnos desde el paradero hasta la zona donde ya casi termina Máncora y comienza el departamento de Tumbes, ahí hay un desvío, que pasando una tranquera comienza una trocha carrozable donde comencé a observar cerros y vegetación, siendo el paisaje muy distinto al que tenía una distancia atrás que era la de playa. Pasamos quebradas, observamos ganado, aves, mucha plantas, hasta que en una zona la travesía se quiso venir abajo, se pinchó la llanta posterior de la moto, estuvimos unos 30 minutos esperando alguna ayuda, y llegó. Un camión que trasladaba abarrotes para la venta de las mismas justamente a las zonas alejadas. Subimos la moto con algún esfuerzo a la parte posterior y el viaje continuó, esta vez desde un camión. Después de darnos un “aventón”, el Sr. Guerrero consiguió otra moto para trasladarnos, llegamos al centro poblado de Fernández aprox. en una hora y media cuando lo normal es casi una hora desde Máncora. Aquí me estaba esperando Sandra, natural de Tumbes, quien en ese entonces era bachiller de Administración de Turismo, ella me explicó que lo que se estaba llevando a cabo era una capacitación dirigida a la población del sector, quienes se habían agrupado algunos años antes para promover el turismo y que recién en diciembre del 2010, gracias al Fondo para Áreas Naturales Protegidas-PROFONANPE, se habían podido registrar como Asociación Ecoturística de Fernández. Sandra me contó también que Fernández geográficamente le pertenecía al distrito de Canoas de Punta Sal, departamento de Tumbes, pues se encontraba justamente en la línea divisoria de Piura y Tumbes, la cual lo determinaba la quebrada que se encontraba al borde del centro poblado, es decir cruzando está quebrada uno ya estaba en el departamento de Piura.
Continuando con la explicación Sandra me comentó que Fernández a partir de la iniciativa de la gente por querer desarrollar el turismo y ser una zona aledaña al Coto de Caza, había sido escogido por el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas-SERNANP, PROFONANPE y otras instituciones, para desarrollar el proyecto ecoturístico que lo tenía a cargo ella. En esta capacitación por ejemplo se estaba desarrollando el tema de turismo sostenible y la siguiente semana el tema era interpretación ambiental.
Después de conversar un buen tiempo y ser ya un poco más de las 5 pm, Sandra me dijo que íbamos a entrar al área natural, la cual ya se encuentra en la región Piura, ella me preguntó que si estaba preparado para ir, recuerdo que lo primero que hice al escuchar esa pregunta fue sonreírme, personalmente esa pregunta me había resultado muy graciosa. La mire de frente y le dije: Por supuesto que estoy preparado, si estudio turismo, tengo que estar listo para toda aventura.
A las 6:30 p.m. estábamos listos para adentrarnos al área, los orientadores turísticos (pobladores que conocen la zona son capacitados para hacer de guías), Sandra, la capacitadora y yo. Pocas veces monté un burro y esta vez tenía que hacerlo porque había un recorrido de hora y media subiendo y bajando lomas, además ya estaba casi oscureciendo, y me acompañaba el Sr. Francisco más conocido como Pancho, me iba explicando muchas cosas del lugar que lo conocía desde que era niño, que antes había cazado animales siempre por necesidad no por afición, entre otras cosas.
Era increíble como de noche, en plena oscuridad el burro que montaba y los otros, se podían ubicar, seguían el camino correctamente, como si pudieran ver a la perfección. El Sr. Pancho me dijo que estos animales eran increíbles. Una maravilla de animal sin duda, pensé.
Transcurrido ya un tiempo, decidí hacer una pregunta que no pensé me traería tanta reflexión, le comenté al Sr. Pancho que me gustaría saber dónde estábamos, que si bien nos encontrábamos en la región Piura desde que comenzó el recorrido, en qué parte con exactitud de la región. Él sin titubear y con firmeza me respondió: Esto es Marcavelica – Sullana.
Su respuesta me sorprendió pues sin querer había regresado a mi provincia, pero a una parte que no muchos conocen, una Sullana que los propios sullaneros, no conocíamos.
Pensaba sobre aquella respuesta, cuando de repente nos indican que debíamos sostenernos fuerte de la acémila porque íbamos a comenzar a descender y en la oscuridad podía ser muy peligroso sino ponías tu cuerpo en ciertas posturas para ayudar al animal a bajar, en otras palabras, el animal y yo teníamos que ayudarnos mutuamente, ser un equipo.
Llegamos a un lugar más o menos llano, y después de acomodarnos, amarrar a los burros en árboles cercanos, armar las carpas y preparar la cena, Estuvimos conversando un buen rato alrededor de una fogata armada con madera seca que se encontraba a los pies de los árboles.
Al día siguiente, sábado, nos despertamos temprano, después de desayunar, nos alistamos para comenzar a subir, esta vez ya por nosotros mismos, sin la ayuda de las acémilas, a la caída de agua los Pilares. Subimos y bajamos rocas, saltamos en las partes que no había continuidad de piso y esquivamos ramas, para que aproximadamente unos 25 minutos de haber empezado el pequeño recorrido llegamos a la caída de agua.
Pude observar que en medio de las rocas se había formado una piscina natural, alimentada por una caída agua que venía de una corriente de las alturas de la cordillera de Amotape. El Sr. Pancho me comunicó que no había llovido mucho este verano, esta pequeña “piscina” tenía una profundidad de unos 9 metros y en épocas de lluvias podía llegar hasta 17 metros. A continuación nos quitarnos zapatillas, medias y polos, y nos lanzarnos al agua, lo que no pensé es que iba a estar muy fría, pero poco a poco me fui acostumbrando a la temperatura. Después escalamos unas rocas para lanzarnos desde unos 2 y 3 metros de altura, mientras el resto nos veía y se divertía, escuchando el canto de las diferentes aves que existen en el lugar. Sin duda pensé, al regresar, comentar sobre este pequeño paraíso natural a mis paisanos como lo estoy haciendo en estos momentos.
¡¡¡A conocer las diferentes Sullanas que existen, para poder consolidar una provincia fuerte!!!  

(Artículo publicado en el quincenario EL TALLÁN INFORMA, Año VI - Edición Nº 68 - Sullana, primera quincena de agosto del 2012)

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